Es imperdonable viajar a Brasil y no ser acariciado por miles de mariposas y la llovizna en las cataratas de Iguazú (que quiere decir “agua grande” en guaraní, el idioma de los indígenas de la región) en el estado de Paraná, un paraje de visita obligada. Frontera entre Brasil y Argentina -y casi también de Paraguay, que está a apenas quince kilómetros- y también una de las siete maravillas naturales del mundo, el adagio dice que desde Argentina, las cataratas se viven y desde Brasil, se ven; y eso es porque el 80% de los 275 saltos de hasta ochenta metros de altura que las forman se encuentran del lado argentino, y se contemplan en toda su magnitud desde el lado brasileño. Hay señalizados y acondicionados diferentes rutas o “paseos”: y de todo ellos el más impresionante es el que nos permite apreciar en toda su majestuosidad el mayor salto de todos, la Garganta del Diablo.