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Los apasionados de la relojería de lujo saben que, agazapada en un valle a un paso de Dresde, se encuentra Glashütte, una bucólica población en la que el paso del tiempo se mide mejor que en casi otro cualquier lugar del mundo por ser cuna de una de las marcas relojeras más exclusivas y renombradas del mundo: Glashütte Original.

A poco más de media hora de Dresde, enclavada en un valle de cuento, se encuentra la bucólica población de Glashütte, una villa de algo más de treinta mil habitantes a la que no le falta uno solo de los tópicos asociados al joie-de-vibre sajón: viviendas sobrias, un campanario no más alto que los frondosos árboles de hoja caduca que dan sombra en primavera y soportan el peso de la nieve en invierno, un río caudaloso cuyo rumor tapa cualquier otro sonido de la ciudad, un par de fondas atendidas por parejas de orondos sajones y bares que cierran temprano pero donde se come rico –y recio- y se sirve la que probablemente sea la mejor cerveza del mundo –cualquiera de las docenas de ellas por estar producida bajo los rigores del método tradicional bávaro. En definitiva, otro pueblo alemán perfecto más si no fuera por un pequeño –que no banal – detalle: el moderno edificio que se adivina en uno de los laterales de la ciudad y que es la manufactura de Glasshütte Original, la compañía relojera más exclusiva de Alemania y una de las más importantes del mundo en el segmento de la alta relojería (de las pocas que, además, diseña y monta sus propios movimientos: Y a mano, por supuesto).

Fabrica de Glashütte Original en Tu Gran Viaje a Glashütte
Vista panorámica de Glashütte con la manufactura de Glashütte Original al fondo.

Un monasterio de alta tecnología

Esta mañana, la luz inunda el inmenso atrio central al que se asoman los amplios despachos en los que trabajan los maestros relojeros de Glashütte Original: Un baño de luz solar que poco o nada tiene que ver con los recios edificios de Glashütte en los que comenzaron a trabajar, hace más de ciento setenta años, los primeros maestros relojeros que se instalaron en la ciudad y que no tardaron de hacer de ella, primero, la capital relojera de Sajonia y, poco después, de Alemania: Para conocer de primera mano la fascinante historia de la relojería de la ciudad y los nombres y marcas que la han llevado al lugar de privilegio que ocupa hoy en el sector, rinde una visita al Museo de la Relojería Alemana, gestionado por una fundación creada por el ayuntamiento de la ciudad y Glashütte Original y que ocupa un edificio neo-clásico de finales del siglo XIX que fue, en tiempos la Escuela Alemana de Relojería.

Museo de la Relojería Alemana de Glashütte
Fachada del Museo de la Relojería Alemana de Glashütte

Pero sí comparten muchas cosas: el entusiasmo por la perfección, la meticulosidad hecha una modo de vida, la busqueda de la manera más exacta de atrapar el paso del tiempo en una pieza de arte que es, por ello, un auténtico prodigio tecnológico… Auténticas joyas de nuestro tiempo como el Senator Diary o el PanoMatic Counter son creadas a mano en este edificio que, más que edificio –y, desde luego, manufactura-, parece un moderno monasterio en el que todo –el sliencio, la luz apacible, la amplitud de las salas de trabajo enmarcadas por paisajes de cuento de hadas, la diligencia de los artesanos que me permiten mirar ensimismado por encima de sus hombros- confluye en una única dirección: Crear algunos de los mejores relojes que existen.

Manufactura de Glashütte Original. © Tu Gran Viaje
Interior de la Manufactura de Glashütte Original. © Tu Gran Viaje

Testigos privilegiados de la creación de una obra de arte

Y el asistir al proceso casi telúrico que es la manufactura de un reloj, esa búsqueda pertinaz de la perfección –y su consecución- en la creación de belleza puesta al servicio de la captura del tiempo, es algo que se regala a los viajeros: es posible visitar la manufactura de Glashütte Original (Y gratis; siempre, eso sí, con reserva previa. Más información en el teléfono 49 (0) 35053 46 0, o en visit@glashuette-original.com). Ser testigo de los pasos que llevan a la creación de un reloj, desde el trabajo del departamento de diseño al ensamblado en diferentes etapas –un reloj Panorama tiene, por ejemplo, 463 piezas- o el lacado final, es un regalo; pero la creación de un reloj Glashütte Original requiere de mucho más tiempo del que se le puede dedicar a una visita. Proceso en la manufactura de Glashütte Original El más sencillo de los movimientos requiere de horas para ser ensamblado, y los más elaborados, con las más intrincadas y complejas complicaciones –como los que dan vida al Senator Chronometer Regulator o al Senator Tourbillon, por ejemplo– requieren hasta veinte jornadas de trabajo en exclusiva de un maestro relojero. Desde luego, al viajero le queda claro que asiste a algo casi sobrenatural; y, ya en la calle, mientras el sol sigue alto, recuerda que el mismísimo Amudsen llevaba un reloj Glashütte Original cuando intentó cruzar el polo Sur, y quiere tener uno también y lanzarse a todo tipo de aventuras, tengan el éxito que tengan.

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