Mañana de domingo en Kaunas


Kaunas, Lituania. Foto de Yeo Watzup.
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La libertaria ciudad lituana es uno de esos lugares en los que casi cualquier rincón te garantiza un recuerdo viajero. Ángel Ingelmo la escudriña y comparte para ti.

Si su nombre va ligado a la gran historia del baloncesto europeo, cuna del famoso Žalgiris y de los Sabonis, Chomičius, Marčiulionis o Jasikevičius, la ciudad es el mejor exponente del espíritu lituano, con su ambiente festivo de mañana de domingo y una vivida sensación de libertad. Allá donde quiera que se levante la vista no hay más barrera que los lejanos montes donde el verde pone una nota de color. Y esas colinas servirán a la vez de espléndidos observatorios sobre la ciudad: el Mirador de Aleksotas, al que puede llegarse andando desde el centro con tan sólo cruzar el puente Aleksoto (desde ese punto se podrá subir en un pequeño funicular o bien caminando), el mirador de la Colina de Pelėdų, al que se accede siguiendo la A. Mackeviciaus gatvė, cerca del museo de Čiurlionis, y el mirador de la Iglesia de La Resurreción (Kristaus Prisikėlimo Bažnyčia), comunicado por un funicular.

Desde cualquiera de ellos, con sus diferentes puntos de vista, contemplaremos una animosa ciudad que se vertebra a lo largo de sus “Ramblas”, como llaman cariñosamente sus habitantes a la avenida de la Libertad (Laisvės Alėja), que desde el casco viejo conduce hasta la iglesia ortodoxa de san Miguel Arcángel o Sobor (ŠV Archangelo Mykolo Rektoras), una obra neobizantina de finales del XIX mandada construir por los rusos. Pero este bulevar es algo más que un simple paseo turístico que discurre entre monumentos y edificios históricos: es el símbolo de la ciudad, como lo es el gran duque Vytautas, héroe nacional bajo cuyo reinado -que se prolongó de finales del XIV a principios del XV-, Lituania alcanza uno de sus mayores periodos de esplendor. Hoy se le recuerda y homenajea en un monumento justo delante del ayuntamiento, y es una calle viva, llena de gente que se detiene ante los escaparates, se sienta en sus bancos o terrazas o, simplemente, pasea con ese caminar indolente del que no tiene prisa y quiere empaparse de su aire libertario.

Kauna Alives aleja. Foto © Ángel Ingelmo
Kauna Alives aleja. Foto © Ángel Ingelmo

Este tranquilo deambular prosigue por Vilniaus Gatvė hasta su plaza principal, Rotušės, en cuyo centro se levanta la mole blanca con su escalonada torre del Antiguo Ayuntamiento (Rotušė) y, en torno a él, las terrazas de los restaurantes. Otro instante para respirar el aire de una ciudad que se siente cada vez más libre y realizada.

Calle Laisves, Kaunas. Foto de Phillip Capper
Calle Laisves, Kaunas. Foto de Phillip Capper.

Para disfrutar del pasado bastará emprender un breve recorrido por sus inmediaciones y el ocioso viajero acabará descubriendo la Catedral de San Pedro y San Pablo (Šventų Apaštalų Petro ir Povilo Arkikatedra Bazilika), con su interior barroco; la Casa Perkunas, cuyo nombre hace referencia al dios del trueno, Perkunas, por una imagen hallada en una de las paredes y que perteneció a un rico comerciante del siglo XV, o al Palacio Presidencial Histórico (Istorinė Lr Prezidentūra Kaune), que, en 1860 acogió al gobernador del zar y, entre 1919 y 1949, al presidente de Lituania, en el breve periodo en que el país fue independiente antes de la Segunda Guerra Mundial.

Vista de Kaunas. Foto (c) Ángel Ingelmo
Vista de Kaunas. Foto © Ángel Ingelmo.

Pero es domingo por la mañana, y uno de los puntos más concurridos de la ciudad y uno de los más queridos por sus vecinos es el parque que se extiende en torno al castillo, Kauno Pilis, que se yergue en la confluencia de los ríos Nemunas y Neris. Construido para detener el ataque de los caballeros teutones allá por el siglo XIII, hoy no conserva más que una torre circular, muy restaurada, y unos cuantos lienzos de murallas. Y justo al lado, una iglesia gótica de ladrillo (Šv Jurgio Kankinio Bažnyčia), de finales del XV que lleva ya un tiempo en proceso de restauración.

Detalle del Castillo de Kaunas. Foto de Lemsipmatt.
Detalle del Castillo de Kaunas. Foto de Lemsipmatt.

En toda mañana festiva no debe faltar nunca la visita de un museo, y en el caso de Kaunas hay dos imprescindibles: el Museo Nacional M.K. Čiurlionio y el Museo del Demonio. El Nacionalinis M.K. Čiurlionio dailės muziejus (Putvinskio, 55. Horario: 11.00 a 17.00. Cierra lunes) dedica una parte al arte lituano en general y otra a la obra pictórica (casi) completa de Čiurlionis, que es la que hoy nos interesa. Mikalojus Konstantinas Čiurlionis (1875 – 1911) fue un artista del Renacimiento en el mejor sentido de la palabra, un buscador de la verdad que emplea el arte (primero músico y luego pintor) para dar rienda suelta sus ideas. Su obra, original ante todo, discurre por caminos totalmente personales y autodidactas, y se le pueden aplicar más de mil adjetivos, desde romántica a simbolista, porque es una obra cargada de significados, místicos, teosóficos, y en la que la música juega un papel determinante. Muchas de sus obras están formadas por trípticos donde los subtítulos son alegro, andante, finale. Y, al final del recorrido, para escuchar su música, se ha reservado un pequeño auditorio donde se puede elegir alguna de sus composiciones, como por ejemplo “Miške” (En el bosque) o “Jūra” (El mar), las dos más famosas.

El Museo del Demonio (Antano Žmuidzinavičiaus kūrinių ir rinknių muziejus Velniukai. Putvinskio, 64. Horario: 11.00 a 17.00. Cierra los lunes.) fue creado a partir de las piezas reunidas por el artista Antanas Zmuidzinavicius y que se reparten por las tres plantas del edificio. En la vivienda contigua, comunicada por una puerta abierta en la gruesa pared, se expone su obra pictórica. La colección con toda clase de demonios, elfos, hadas y otros seres mitológicos y causantes del mal, caso del dinero y su avaricia, es realmente curiosa. Entre los objetos que más llaman la atención, las máscaras de Carnaval y una estatuilla con Stalin y Hitler travestidos de demonios.

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