Altea, la villa más bucólica de la Costa Blanca, refugio de artistas y Grandes Viajeros, aguarda en verano bella como nunca.




La desmesura y el bullicio se torna en silencio cuando el Gran Viajero llega a Altea, una caja de muñecas en forma de pueblo blanco de callejero intrincado donde el tiempo se ha detenido y la luz del Mediterráneo es más pura que en ningún otro sitio. Casas encaladas de pescadores que se han convertido en coquetas boutiques en las que compran sin prisa ni preocupación celebrities de todo el mundo, que disfrutan del mayor de los anonimatos en un pueblo acostumbrado a recibirlas desde hace décadas: un cosmopolitismo en el que caben Julio Iglesias, Kate Moss, Elton John y grandes fortunas rusas (en Altea se encuentra la primera iglesia ortodoxa que se construyó en España).

Postal desde Altea, bañada en ámbar | Tu Gran Viaje

Cuando uno está disfrutando del ambiente de El Fornet, el dédalo de calles del centro de la población que está a la sombra de las dos cúpulas de la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, el emblema de Altea junto con la torre de Bellaguarda, la antigua torre de vigilancia, todo en esta vida cobra sentido: paseando entre sus tiendas, tomando el fresco en sus terrazas, disfrutando de un buen pescado en cualquier restaurante tradicional de la calle Concepción… Pero hay también un Altea bañado por el mar, al otro lado de la Nacional 322, en el que se alternan playas populares -como La Olla o La Roda, una playa de Bandera Azul que es la más cercana al pueblo y donde encontrarás multitud de restaurantes y bares-, con calas como las de Mascarat, al comienzo del término municipal, o la de Solsida.

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