Tal vez no lo sepas, pero el más auténtico espíritu alemán se esconde en cinco rincones de la ciudad madrileña. ¿Los descubrimos?




Tal vez por ello, el mejor lugar para comenzar este breve periplo por Alemania en Madrid sea el Parque de Berlín, situado en el madrileño distrito de Chamartín e inaugurado definitivamente el 9 de noviembre de 1967. A la ceremonia estaba invitado el entonces alcalde de Berlín, Willy Brandt, que sin embargo no llegó a acudir. En el recinto se encuentran un monumento dedicado a Ludwig van Beethoven y otro que representa a un oso, símbolo de la ciudad de Berlín; ahora, no obstante, nos interesa la zona más baja del parque, dedicada al «Derribo del Muro de Berlín» y que conserva tres fragmentos del mismo. Según dicen, las pintadas que los cubren se conservan «milagrosamente», pues el exceso de celo de un empleado municipal, que consideraba indecorosas que aquellas manifestaciones de gamberrismo cubriesen el monumento, estuvo a punto de destruirlas antes de la inauguración por parte del entonces alcalde de Madrid, D. José María Álvarez del Manzano.




Madrid no es una ciudad monumental –si la comparamos con otras capitales europeas–, pero, aunque sin duda contiene lugares excepcionales, como los museos de su Eje Cultural, el verdadero encanto de la ciudad reside en sus rincones. Uno de los menos conocidos es la recoleta Iglesia de San Antonio de los Alemanes, situada en pleno centro de Madrid. Su construcción se inició en 1624 y las obras concluyeron en 1633. De planta elíptica, es un buen ejemplo del barroco madrileño. Aunque se levantó como complemento al Hospital de los Portugueses, más tarde, cuando Portugal había dejado ya de formar parte del Imperio, la reina Mariana de Austria lo cedió en 1668 a la colonia de católicos alemanes presente en la Corte. Aunque acabó mudando de nombre, conservó la advocación a San Antonio de Padua, santo de origen portugués que ha llegado hasta la actualidad. En su interior destacan los frescos de Juan Carreño en la cúpula (Apoteosis de San Antonio) y Luca Giordano en los muros. Indudablemente, un pequeño tesoro que merece visitarse.

 

Interior de San Antonio de los Alemanes
Interior de San Antonio de los Alemanes

 

A la hora de comer, una posibilidad es comprar viandas en alguno de los establecimientos especializados en productos alemanes de la capital. La Mantequería Alemana se encuentra en la C/ Padilla, 88 y es una de las pioneras en la ciudad –abrió por primera vez sus puertas en 1952. El lugar idóneo para adquirir algunos dulces a media mañana, como el típico y delicioso apfelstrudel. Pero lo mejor es decantarse por saciar el apetito en uno de los restaurantes más frecuentados por políticos, actores y periodistas de la capital; nos referimos al afamado Edelweiss, situado a espaldas de las Cortes (C/ Jovellanos, 7), que lleva alumbrando entre sus fogones los mejores platos típicos de la gastronomía alemana que se pueden degustar en Madrid, como su famoso codillo Edelweiss, desde 1923. Y, desde luego, el mítico Horcher (C/Alfonso XII, 6), que lleva décadas sirviendo delicadamente las exquisiteces alemanas más tradicionales.

 

Mantequería Alemana, Madrid | Tu Gran Viaje
© Mantequería Alemana

 

No muy lejos, en la Plaza de Santa Ana se encuentra otro de los establecimientos pioneros de Madrid. La Alemana es el lugar perfecto para rematar el día degustando una buena cerveza de importación. Esta emblemática cervecería madrileña se anunciaba así en el diario El Imparcial, cuando se abrió al público por vez primera allá por 1904:«bocadillos de pasta de salmón, langostinos, anchoas y sardinas», acompañados con cerveza El Águila. Por el umbral de sus puertas han pasado personalidades tan significativas de la cultura española como Valle Inclán o María Guerrero, toreros como Rafael El Gallo y personajes tan célebres como Ava Gardner. El local se vanagloria de haber acogido también entre sus paredes a uno de los grandes de la literatura del siglo XX: Ernest Hemingway. Ein Bier vom Fass, bite!