Navidad a la alemana


Mercado de Navidad de Lübeck. Foto © LTM S.E. Arndt

La Navidad más intensa e icónica vive en cualquiera de los mercadillos de Navidad que pueblan Alemania. Y de todos ellos, nos quedamos con los de Bremen y Luebeck.

[space height=”20″]En Bremen, hasta el próximo 23 de diciembre, la explanada a lo largo del río se transforma para acoger la Schlachte Magic, un festival cuyos eventos están consagrados a recuperar, con todo el acierto, la magia y el encanto de los tiempos medievales. A ello ayuda, naturalmente, el marco de la ciudad: pasear a la sombra de sus fortificaciones y sus impresionantes empalizadas de madera, mientras los juglares cantan y danzan ante nosotros, oímos cómo trabajan los artesanos y el bullicio de los vendedores nos inunda, nos transporta a los años en que la ciudad era una de las plazas más importantes de la Liga Hanseática. Pero la Navidad se concentra ante el Ayuntamiento, la catedral, la iglesia de Nuestra Señora y la estatua de Rolando -uno de los escenarios urbanos e históricos más bellos de Alemania y que es, merecidamente, Lugar Patrimonio de la Humanidad-, donde se monta el mercadillo de Navidad en el que más de ciento setenta puestos dotan de un sabor especial las navidades de Bremen. El mercadillo está abierto todos los días de 10:00 -desde las 11:00 los domingos- hasta las 20:30. El Schlachte Magic, a partir de las 11:00.

 

Desde el siglo XVII, Luebeck

El aroma del vino caliente y los frutos secos asados nos dan la bienvenida a los que son algunos de los mercados navideños más antiguos del país (su existencia está documentada desde 1648). Hay varios en la ciudad: nos encanta el del cementerio de la iglesia de Santa María (abierto hasta el día 23 de 11:00 a 21:00, viernes y sábados de 11:00 a 22:00), donde, contra el muro de ladrillo de la iglesia, multitud de candelabros iluminan una estampa navideña puramente medieval con juglares, cuenta cuentos y músicos tradicionales. Otro que nos gusta es el mercado artesano de Navidad celebrado en el medieval Hospital del Espíritu Santo (Heiligen-Geist-Hospital). En la nave de la iglesia y en los «Kabäuschen» (diminutos aposentos de los habitantes del antiguo asilo) los artesanos exponen sus mercancías y el ambiente huele a gofre y ramas de abeto, lo que hace olvidar la larga fila que hay que soportar. Justo enfrente, al abrigo de la iglesia de San Jacobo (St. Jakobi), hay casetas y puestos de ponche instalan sus puestos los vendedores del tradicional ponche (Punsch).