De viaje con la Microsoft Surface 2


De viaje con la Surface 2
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Cuatro vuelos, tres semanas, dos viajes, y mucho trabajo: esa es la prueba a la que someto a la tablet Surface 2. ¿El veredicto? De nota muy alta.

Mañana de jueves en una importantísima feria turística internacional, repasando apresuradamente un pdf en la tableta. Suena el teléfono: una revista necesita inmediatamente que les haga llegar una nueva selección de imágenes para mi reportaje, pero esta vez, en un archivo comprimido; y, también, que el reportaje se ha quedado corto y necesitan un despiece -“de lo que quieras”- de cuatrocientas palabras. El teléfono vuelve a sonar: mi diseñador me dice que las fuentes están corruptas y que, también, se las envíe de nuevo. Mientras le emplazo a la noche, y cuelgo el teléfono, jugueteo con el pen drive que me acaban de dar en mi entrevista con un directivo hotelero, repleto de contenido ideal para enriquecer el artículo que deberíamos publicar en la web lo antes posible… Suena de nuevo el teléfono: no lo descuelgo. Aunque quisiera, que no quiero, no podría enviar nada a nadie. Ni sacar información del pendrive. Ni escribir del modo que necesito. En la otra mano, tengo mi carísima tableta -adquirida, icónicamente, en el lugar adecuado: la madre de todas las flagship stores- me espera con el pdf que, horas antes, he tenido que enviarme por mail y descargarlo…

Lanzo un mensaje en una botella por pura desesperación, por no tener nada mejor que hacer que rabiar mi impotencia. Twitteo “mi reino por una surface2”, alguien de Microsoft lo lee -o responde a mis plegarias, debería decir-, me contacta y me ofrece probar durante unas semanas la Surface 2 y contarlo aquí. Deal. Les digo que no será una reseña techie al uso -esas maravillas que publican en Xataka o Engadget, que me maravillan, con sus unboxings y sus benchmarks y sus trolls en los comentarios- pero sí que será una prueba real y exigente: debo viajar por negocios durante un par de semanas al extranjero, y no quiero llevar un ordenador y sí algo que me rinda el mismo servicio, que me haga olvidarme del cargador, que me permita trabajar con comodidad, pero también jugar, ver una película… y con tres palabras mágicas para mí: Escritorio Windows, Office y puerto USB.

Antes de todo, varios apuntes: 1) Me gusta la tecnología, sobre todo la informática de consumo. Es decir: creo saber de qué hablo. 2) Me gusta, y mucho, Windows 8 (o 8.1). 2.1) Escribo esto teniendo a la vista en mi escritorio un -ejem- imponente Mac Book Pro de 17″ y un Asus VivoBook de 14″ (me gusta el aluminio). 3) Escribo esto -gran parte de este artículo- con la Touch Cover de la Surface 2, que me parece -contra lo que pensaba- pura magia.

La Surface 2 un excelente compañero de viaje

Me gusta, como muy pocas cosas me gustan, desembalar gadgets: soy un fan del unboxing y, aunque la tentación de emular a uno de esos grandes del tema -como Ofertaman- es grande, no lo hago y me dispongo, inmediatamente, a trabajar. La Surface 2 llegó acompañada de los dos teclados, la Touch Cover -una maravilla de apenas 2’5 mm que protege la tableta, retroiluminada y con una curva de aprendizaje que duró apenas, y sorprendentemente, un par de minutos-, y fue el Type Cover el que llevé conmigo a mis viajes invernales. Eso, y un disco duro portátil: el tamaño de la tablet -convenientemente apoyado en las dos posiciones gracias al atril incorporado- con su teclado era ideal para la bandeja de los aviones. La calidad de la imagen -full HD- y el sonido, junto con la batería -reprodujo vídeo durante casi todo el vuelo Tel Aviv – Madrid y tenía aún la mitad de batería- hicieron que, para mí, que nunca veo contenidos mientras vuelo, descubriera la Luna…

De viaje con la Microsoft Surface 2
Así encaja en una bandeja de asiento de avión la Surface 2

Con todo, el auténtico “descubrimiento” fue que, por fin, podía trabajar con la tableta. El chip de Nvidia, el Tegra 4, que monta fue, ante mi sorpresa, más que suficiente para mover con toda comodidad cuanto le pedía a la Surface: y eso era un procesador de textos -Word-, navegador -Explorer-, cliente de correo -el bendito Outlook- y, mientras, descargando y subiendo archivos de WeTransfer o hablando con mi familia vía Skype. Mi temor a que no lo moviera era que conocía la generación anterior del procesador y no creía que tuviera capacidad para mover un sistema operativo tan completo, y del que soy fan, como es Windows 8.1 (y uso mucho su alternativa, Mavericks): pero las tareas y sus transiciones fueron fluidas y en ningún momento tuve problema de cuelgues. Y creo que le dí trabajo: un buen periodista no descansa nunca, y siempre hay artículos que redactar, propuestas que definir, archivos que subir y bajar… Y la máquina, respondiendo. Y bastaba con pulsar la tecla de Windows y volver al escritorio táctil, y lanzarme a mis redes, las aplicaciones q que instalé y que son las mismas que empleaba en mi tableta “propia” -Flipboard, prensa, redes sociales… Las tres semanas que pude emplearla y usarla durante dos de ellas en dos viajes, con todo lo que me ofreció -los artículos y las docenas de correos y las tres películas y seis capítulos y ese peso liviano y esa suite de Office y esa autonomía y, desde luego, la sensación de gadget premium con sus teclados y su carcasa de magnesio… Por todo eso, la Surface 2 fue para mí un estupendo compañero de viaje, una solución que, para estar en la carretera, es la mejor de cuantas he tenido, ideal para mí -hay gagdets para todos los gustos y necesidades, y las mías las tengo muy claras.

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