Volando como los reyes


Boeing 787 Dreamliner de Qatar Airways
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Nadar en una piscina antes de volar, relajarse en su suite privada, rejuvenecer en una ducha Spa del A380 y disfrutar de una lujosa comida de estrellas Michelín son algunos de los placeres que aguardan a los pasajeros de los vuelos en Primera Clase más exclusivos del mundo.

Aún en estos tiempos en los que volar se ha convertido en una actividad de lo más cotidiana, es posible sentir la exclusividad y el glamour de la edad dorada de la aviación comercial. Volar en primera clase siempre ha sido sinónimo de exclusividad y excelencia en el servicio y, en los últimos años, y precisamente buscando recuperar esa distinción asociada a la aviación comercial que se ha diluido en el recuerdo, las propuestas de las diferentes compañías han alcanzado niveles realmente insospechados. La experiencia arranca en salas VIP convertidas en auténticos resorts de cinco estrellas, como es el caso de La Première, la sala VIP de Air France en el aeropuerto Charles de Gaulle, con sus menús a cargo del chef Alain Ducasse –el más laureado del mundo-, o de Al Mourjan, la sala VIP que Qatar Airways -premio a la Aerolínea del Año en los Skytrax Airline Awards 2015- tiene en el aeropuerto de Doha, donde la piscina de 15 x 7 metros es solo el capricho más destacable.

La experiencia arranca en salas VIP de auténtico lujo como La Première, la sala VIP de Air France en el aeropuerto Charles de Gaulle, o Al Mourjan, la sala VIP que Qatar Airways tiene en el aeropuerto de Doha.

Naturalmente, la experiencia continúa en las alturas, más exclusivas que nunca con propuestas como las de Emirates Arlines, que además de una sala VIP y suites privadas en en sus A380, completa la experiencia ofreciendo a sus pasajeros de primera clase duchas Spa a bordo de los A380; la de Etihad Airways y sus First Class Apartments –nueve en cada uno de sus 10 A380- en los que no falta una sala de estar, un armario, un mini bar y, ante todo, una confortable cama; o, de nuevo, la Primera Clase de Qatar Airways, con amplios asientos con función de masaje que se transforman en una minioficina, una butaca de cine y una cama totalmente abatible, y un excelente servicio de habitaciones. Con propuestas así, ¿quién querría bajarse del avión?

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