Elogio de Varsovia, el Ave Fénix


Casco viejo de Varsovia
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En la Rynek Nowego Miasta (Plaza del Mercado) de Varsovia hay un monumento con una sirena en recuerdo de una antigua leyenda. En tiempos muy remotos dos sirenas llegaron a la costa Báltica, una se encaminó a Copenhague, donde se la puede ver posando sobre una piedra, y otra se dirigió Vístula arriba hasta llegar a un banco de arena, allí donde estaba la primitiva Varsovia. Viendo que los pescadores capturaban con sus redes a los peces, comenzó a romperlas para liberar a los que quedaban apresados. Molestos los pescadores con aquel ser que les causaba tantos daños, comenzaron su búsqueda, pero una vez descubierta no pudieron hacer nada ya que quedaron seducidos por la belleza de su canto. Pero había un comerciante que vio en ella un buen negocio y consiguió retenerla, para acto seguido montar un espectáculo y pasearla por ferias. Llorando sus penas de encontrarse así cautiva, despertó la compasión de un pescador, que ayudado por sus amigos consiguieron liberarla y devolverla a sus aguas. La sirena, en agradecimiento, les prometió que siempre que tuvieran algún problema allí estaría ella con su espada para defenderles a ellos y su ciudad.

Sin embargo, cuando se visita Varsovia, el mito que viene una y otra vez a la mente es el del Ave Fenix, el ave que cuando muere se consume en fuego para renacer de sus cenizas. Y esta misma plaza que acoge el monumento a la Sirena, es un buen ejemplo de ello. La plaza quedó completamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial, pero una vez expulsados los alemanes, los propios habitantes de Varsovia reconstruyeron tal y como eran en su origen, siglos XVII y XVIII, todos sus edificios, recuperando los materiales que las bombas habían convertido en escombros y aportándoles el soplo de una nueva vida.

En esa misma plaza, ocupando once viviendas, se ha creado el Museo de Varsovia (Muzeum Warszawy. Rynek Starego Miasta 28. Tel. +48 22 596 67 00. muzeumwarszawy.pl), donde se proyecta un documental sobre la ciudad, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial y que invitamos a ver a todo el mundo para que cada uno se haga una leve idea de la vida en la ciudad durante aquellos años y su lucha por la supervivencia ante un enemigo que no se detiene ante nada. Algunas imágenes -aunque mejor sería decir que lo son todas- son realmente impresionantes, como la persona que se arroja al vacío desde el balcón de un edificio en llamas, y otras que nos recuerdan las dejadas por Polanski en su película El pianista.

Museo de Varsovia (Muzeum Warszawy)
Museo de Varsovia en la Plaza del Mercado.

Otro ejemplo de ese resurgir de las cenizas es el Castillo Real (Zamek Królewski), y la mejor forma de comprender el mito es viendo en primer lugar la gran fotografía de sus ruinas al terminar la II Guerra Mundial, un amasijo de escombros con apenas algunas paredes reconocibles. En este caso los trabajos de reconstrucción no se iniciaron hasta 1971, ya que, aunque se tenía prevista su restauración en 1949, las obras se fueron aplazando por diversos motivos hasta que un nuevo gobierno decidió ponerse manos a la obra. La reconstrucción duró hasta 1974, si bien las obras no se darían por terminadas hasta 1984. Cuando se está visitando, apenas se tiene la sensación de no estar contemplando la construcción original, y uno no puede por menos de asombrarse al contemplar los apartamentos reales y más concretamente la llamada Sala de Canaletto, diseñada por Domenico Merlini y con todas sus paredes cubiertas con cuadros del italiano Bernardo Bellotto (llamado “Canaletto” por ser sobrino del famoso pintor veneciano), con un total de veintitrés obras inspiradas en la ciudad de Varsovia.

Sala de Canaletto del Castillo Real de Varsovia
Sala de Canaletto del Castillo Real de Varsovia.

Al igual que toda la capital, los cuadros también tienen su historia: Napoleón durante su ocupación del país se llevó algunos a París, de donde fueron devueltos en 1820, el zar de Rusia hizo lo mismo en 1832 pero esta vez con todos y ya no regresarían hasta 1922. Los alemanes, tampoco podían dejarlos allí, así que los enviaron a su país. Siendo reclamados en 1945 y colocados en el lugar para el que habían sido creados en 1984. Las imágenes son algo más que un simple cuadro: con mejor o peor estilo, son un documento sobre la Varsovia del XVIII que serviría para inspirar a los arquitectos durante la reconstrucción de la ciudad. Entre los pocos restos originales, están los sótanos de ladrillo en cuyas paredes pueden verse todavía los orificios realizados por los alemanes en 1939 para colocar las cargas explosivas y realizar su voladura. La voladura se va aplazando, y los conservadores del museo ante el temor de lo inevitable emprenden un desesperado intento salvar todo lo que pueden del patrimonio. Cuando durante la insurrección de Varsovia en 1944 el castillo es utilizado por los miembros del ejército nacional clandestino recibe su definitiva sentencia de muerte y, en septiembre de 1944, se cumple la orden de Hitler y el castillo es volado en su totalidad.

El Castillo Real de Varsovia quedó totalmente destruido durante la II Guerra Mundial. Esta foto fue tomada en 1945.
El Castillo Real de Varsovia quedó totalmente destruido durante la II Guerra Mundial. Esta foto fue tomada en 1945.

Estas historias de destrucción y reconstrucción se repiten una y otra vez cuando se está visitando la ciudad, ahora se está trabajando en la recuperación de un par de calles del gueto judío que consiguieron sobrevivir, más o menos dañadas, a los incendios y bombardeos. Pero al pasear hoy por la capital, aunque la mente evoque aquel pasado, se descubrirá una ciudad totalmente viva y muy animada, una ciudad que nunca ha descuidado sus ganas de vivir, una ciudad dinámica que sabe combinar el viejo empedrado de sus calles con las modernas construcciones, las tradicionales “caves de jazz” con los bares de diseño moderno. En resumen, una ciudad cargada de optimismo y futuro. 

Y así de esplendoroso luce el Castillo Real de Varsovia hoy en día.
Y así de esplendoroso luce el Castillo Real hoy en día.
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