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Tras más de cuatro siglos de vida, el Rialto, el puente más icónico de Italia -con permiso del Ponte Vecchio florentino- recibe una más que necesaria rehabilitación, financiada por Renzo Rosso, el magnate de la moda.

Hace dos veranos, saltaron todas las alarmas. Venecia la bella recordó que, contra lo cantado por tantos, no es eterna cuando se despertó, una pesada mañana de agosto de 2012, con cinco pequeñas columnas del barandal del puente Rialto hundidas junto al palacio de los Camerlighi. Una pequeña catástrofe más en una historia repleta de ellos: y es que los más de cuatrocientos años que han pasado desde su erección han pasado factura, mucha factura: incendios atroces, hundimientos, fracturas… y turistas.

El milagro de la cruz en el puente del Rialto de Vittore Carpaccio

Así era el puente a finales del siglo XVI, cuando Vittore Carpaccio pintó “El milagro de la cruz en el Puente del Rialto”

Durante siglos, los cerca de cincuenta metros de largo del puente de Rialto fueron la única vía de comunicación entre las dos orillas del Gran Canal; hoy se estima que son más de veinte millones de personas quienes lo cruzan cada año. Demasiado tiempo y demasiado desgaste, incluso para una obra maestra de la ingeniería y la arquitectura como esta, en la que los artesanos venecianos dieron lo mejor de sí. El actual puente, diseñado por Antonio da Ponte y construido entre 1588 y 1591, está formado por un único arco, basado en el diseño de un anterior puente de madera: dos rampas inclinadas que se cruzan en un pórtico central. A cada lado de las rampas hay una fila de cubículos rematados en arcos de medio punto, que sirven como comercios. Se apoya en 600 pilotes de madera -de 10 centímetros de diámetro y una longitud entre los 1’5 y 3’5 metros, que están clavados en el lecho de la laguna, una superficie irregular de barro y tierra-, con la construcción dispuesta de tal modo que en cada momento las juntas de las dovelas son perpendiculares al empuje del arco. La peculiaridad de este puente fue la de que parecía romper con la tradición arquitectónica de construir puentes de tipo romano, basados en la estructura de arco de medio punto, con una nueva tipología de arco rebajado. Pero en este caso la innovación es solamente visual, porque se trata igualmente de un arco de medio punto, en el que el nivel del agua oculta las bases (dovelas basales).

Así era el Puente del Rialto en 1875

Así era el Puente del Rialto en 1875

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Renzo Rosso, el magnate responsable de la rehabilitación

Así se erigió el Rialto, y el que perdure al menos otros cinco siglos es el objetivo de un ambicioso proyecto de rehabilitación, dirigido desde la administración local pero financiado por uno de los empresarios más boyantes y reconocidos del Véneto, Renzo Rosso, el dueño de OTB, un holding internacional de marcas de moda (Diesel, Maison Martin Margiela, Viktor & Rolf y Staff International). La restauración, con un coste de cinco millones de euros, tendrá una duración de 18 meses y debería estar terminada a finales de febrero de 2016.

“Nos enfrentamos a un período de grave crisis en Italia e incluso una ciudad como Venecia no tiene los medios para cubrir todos los trabajos de restauración y mantenimiento que su inmenso patrimonio cultural requiere”, según el alcalde de Venecia

Los campos de actuación del proyecto de rehabilitación están claros y definidos: el suelo, las balaustradas, las zonas edificadas sobre partes públicas y la estructura general de la construcción. Y, también, la activación de un sistema de monitoreo continuo de los parámetros estructurales. Los primeros trabajos se están centrando en una serie de investigaciones detalladas a cabo de buzos, que están proporcionando información precisa sobre el estado general del puente desde su última restauración, que fue llevada a cabo en 1975.

El Puente del Rialto de Venecia en la actualidad

El Puente del Rialto de Venecia en la actualidad

El contrato de patrocinio prevé que la ciudad de Venecia se encarga completamente de la planificación, la gestión de las obras y la restauración, mientras que OTB cubre todos los gastos; a cambio, la empresa patrocinadora dispone de ubicaciones y carteleras para instalar publicidad -en concreto, podrá usar el 30% de la estructura (120 m2) para exhibir publicidad y paneles sobre pontones y vaporettos. La fórmula empleada para la obra es la más indicada en estos tiempos de ajustes económicos: “Nos enfrentamos a un período de grave crisis en Italia e incluso una ciudad como Venecia no tiene los medios para cubrir todos los trabajos de restauración y mantenimiento que su inmenso patrimonio cultural requiere”, declaró el Teniente de Alcalde de Venecia, Alessandro Maggioni, en la presentación del proyecto. Soluciones imaginativas y efectivas para conservar un patrimonio que pertenece no solo a Venecia sino a todo el mundo.

Los mecenas de la conservación de Venecia

La crisis afecta a los presupuestos públicos y, también, agudiza el ingenio, y la conservación del patrimonio cultural e histórico de Venecia se ve también afectado. Crecen los patrocinios privados para conservar la ciudad: François Pinault, el magnate francés dueño de Gucci, Balenciaga o Stella McCartney, adquirió hace unos años para su uso privado el Palazzo Grassi, que acoge su colección privada de arte y exposiciones públicas. Otras marcas de moda involucradas en la conservación del patrimonio veneciano son Bulgari, Replay o Palazzetti, que se unen a Prada o Benetton, que recientemente adquirieron palacios en el Gran Canal para su uso privado.




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