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De la mano del escritor Carlos Olalla, vivimos una experiencia viajera auténticamente inolvidable: una escapada a Florencia en otoño desde un prisma único e irrepetible.

Si hay un lugar en el mundo al que yo regresaré siempre, ese es Florencia. Precisamente el otoño es una época muy recomendable para visitar la ciudad. El clima es más benigno que durante el verano, cuando el calor y la humedad pueblan de fastidiosos mosquitos las noches florentinas. Los precios en temporada baja suelen ser más asequibles –aunque Florencia no es una ciudad particularmente cara– y, en el otoño, los viñedos de la campiña toscana arden en tonos rojos y amarillos, lejos de las aglomeraciones del puente del 1 de noviembre, día que muchos italianos aprovechan para visitar la capital de los Médicis. Aun así, Florencia es una ciudad a la que acuden viajeros de todo el mundo, en cualquier época del año, y hay lugares, como los Ufizzi, que no conceden tregua.

El Duomo de Florencia. Escapada a Florencia en otoño. Tu Gran Viaje
El Duomo de Florencia.

Por supuesto, hay monumentos y museos, cuya visita es inexcusable. El Duomo: se pueden adquirir entradas combinadas para el Campanile de Giotto, el Museo de la Obra del Duomo y la Cripta de Santa Reparata; el Palazzo Pitti; la Piazza della Signoria, donde encontramos el Palazzo Vecchio, la Loggia, una fuente de Neptuno, al que los florentinos llaman Biancone, y una reproducción del David de Miguel Ángel, recordando su emplazamiento original a las puertas del Palazzo; ¿quién ha visitado alguna vez Florencia y no ha cruzado el Arno por el Ponte Vecchio?; la Galleria dell’Accademia, que acoge la estatua original del David; Los Uffizi –mi recomendación es sacar una entrada anticipada, con cita previa: es algo más cara, pero nos evitará esperar largas colas, una ventaja si solo se va a pasar unos pocos días en la ciudad; la fuente del Porcellino, en la Piazza del Mercato Nuovo, que inspiró a Andersen su cuento homónimo, como recuerda una placa colocada sobre la fuente por el Ayuntamiento de Florencia; la Basílica de Santa Croce… La lista es interminable, y no se puede aspirar a agotarla en una sola visita; intentarlo nos alejaría además del espíritu de este Gran Viaje.

Piazza de la Signoria.Escapada a Florencia en otoño. Tu Gran Viaje
Piazza de la Signoria

Al evocar mis largos paseos por Florencia, lo primero que me viene a la memoria es el aroma de sus calles, el sentimiento de pisar Historia en su desgastado empedrado y la musicalidad del peculiar acento florentino –no es raro escuchar a los lugareños pedir una joja-jola. Vagar por sus calles nos deparará siempre agradables sorpresas, pero tal vez el recorrido que me dejó más profunda huella, y que recomiendo a cualquier visitante de la capital toscana, sea el que lleva a la pequeña Basílica de San Miniato al Monte. Emplazada en uno de los puntos más altos de la ciudad, para acceder a esta recoleta y deliciosa iglesia románica hay que cruzar el Arno.

Una Florencia intransferible

Mi recomendación es empezar en la plaza frente a la Basílica de Santa Croce, y tomar una de sus calles laterales a la derecha, en dirección al río, para cruzarlo aguas arriba por el Ponte S. Niccolò. Una vez en la otra orilla, debemos comenzar una larga ascensión por el Viale Michelangelo. El mejor momento del día para este corto pero exigente paseo, es una hora próxima al ocaso; no solo para evitar el calor durante la subida, sino también porque el Viale desemboca en el Piazzale Michelangelo, desde el que se domina toda la ciudad, y donde asistiremos a una privilegiada vista del ocaso sobre Florencia. La experiencia adquiere la perfección, degustando un delicioso helado italiano. Un poco más allá, encontraremos sin grandes dificultades la Basílica de San Miniato. Si, como fue mi caso, se tiene la fortuna de visitar la iglesia mientras se celebra la liturgia en la cripta, el visitante podrá sentir los ecos del canto gregoriano mientras recorre sus oscuras y misteriosas salas. Al salir, el sol se habrá puesto y las luces de la ciudad darán a Florencia el aspecto de un gigantesco manto estrellado. ¿Hay imagen tan mágica como esta? Una escapada a Florencia en otoño es toda una experiencia, que no se olvida fácilmente.

Sobre Carlos Olalla

Carlos Olalla  es escritor y traductor. Ingeniero Aeronáutico, estudió Física Teórica, Astrofísica y Ciencias Matemáticas. Es autor de varias novelas, entre las que destacan El eclipse, ¿Quién mato a Regiomontano?, Planck: La fuerza del deber, El experimento Bernard y La Tierra primigenia, y puedes seguirlo en su blog XLI Wasted Talent 

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