Tu Gran Viaje por el Valle del Loira (II): Del château de Chambord al de Troussay


Chateua Chambord. Foto © Stevan ZZ / Shutterstock.com. Tu Gran Viaje por el Valle del Loira
Foto © Stevan ZZ / Shutterstock.com
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Continúa nuestro gran viaje por el Valle del Loira con escalas en cuatro de sus châteaux.

Es hora de emprender la primera etapa de nuestro Gran Viaje por el Valle del Loira, y para ello vamos a seguir el curso del Loira, para descubrir a unos 18 km de Blois una de las obras maestras del renacimiento francés, le Château de Chambord, el sueño de uno de los monarcas más poderosos de Europa, Francisco I, rival del español Carlos I por la hegemonía europea y quien no sólo le derrotaría en la Batalla de Pavía (1525) sino que acto seguido le retendría como invitado, o prisionero, en Madrid. En diciembre de 1539 pudo de alguna manera resarcirse ante Carlos I cuando, camino de Flandes, el monarca español fue invitado por el rey francés a alojarse en su castillo, y se dice que quedó realmente impresionado. Pero si Francisco I destacó por algo fue por su amor a las artes y las letras: siempre estuvo rodeado de una corte de artistas y poetas e incluso se preocupó por traer a Francia a Leonardo da Vinci.

A medida que uno se acerca al castillo, por una estrecha carretera que discurre por el antiguo coto de caza, lo primero que salta a la vista son los originales remates de la parte superior y que toman formas de esbeltas torretas, gárgolas, grifos y animales fabulosos. Las obras del castillo se iniciaron en 1519 con el derribo de una serie de pabellones que habían pertenecido a los condes de Blois y permanecerían interrumpidas durante el tiempo que pasó en España. Reemprendidas en 1526, el proyecto original fue completamente alterado: lo que debía ser un sencillo pabellón de caza se convirtió en un maravilloso palacio renacentista. En el interior, la vista se encamina directamente a su escalera de doble revolución, lo más original, espectacular y logrado de todo el castillo y cuyo diseño se atribuye a Leonardo da Vinci. Una escalera que es a la vez alma y símbolo del castillo, ya que ocupa su parte central y todo, todo gira en torno de ella.

Las habitaciones de los pisos bajos albergan cuadros, trofeos de caza, tapices y otros recuerdos de época, mientras que los pisos superiores están ocupados por un conjunto de 32 apartamentos idénticos, dividido cada uno en cinco estancias. Las estancias en total alcanzan la cifra de cuatrocientas y hay tantas chimeneas como días tiene el año. Por último, un paseo por sus terrazas, tanto para apreciar de cerca el trabajo de sus torretas, como sentirse “castellano” por un día, oteando el horizonte a la espera de los cazadores que regresan de perseguir venados.

El Châteaux de Cheverny

Nos despedimos de Chambord para llegarnos a Cheverny, donde nos espera un castillo y un personaje mucho más moderno y también menos real pero tal vez más conocido y popular: Tintín, el intrépido periodista creado por el dibujante belga Hergé, quien se inspiró en este castillo a la hora de darle cobijo a su compañero de aventuras el capitán Haddock. Este es uno de los pocos castillos del Loira que sigue perteneciendo a la misma familia desde hace siglos, en este caso los Hurault, quienes ahora organizan fiestas de estilo veneciano que han venido a sustituir la tradición de organizar cacerías a la inglesa, con enormes reatas de perros y ropa de época. Los visitantes pueden asistir por la tarde al momento en que se da de comer a los perros, anglo-franceses. Aunque el castillo conserva una elegante y cuidada decoración, obra de Jean Monier, un artista de Blois que fue enviado a Italia por María de Médici para perfeccionar sus conocimientos y a quien encargaría la decoración del parisino Palacio de Luxemburg, lo que más llama la atención del visitante es la exposición interactiva, en colaboración con la Fundación Hergé, dedicada a Tintín y que permitirá sentirse como un personaje más dentro del verdadero castillo de Moulinsart, la residencia del capitán Haddock.

Chateaux de Cheverny.  Foto CC 3.0 Jean Christophe   Benoist
Chateaux de Cheverny. Foto CC 3.0 Jean Christophe Benoist

Los Châteaux de Troussay y de Fougéres-sur-Bièvre

Son sólo tres kilómetros los que separan Cheverny del Château de Troussay, y nos parece una buena idea acercarnos. Más que un castillo al uso, podríamos decir que es una gran mansión de campo que nunca ha dejado de estar habitada y entre las obras de valor que conserva hay que destacar las reunidas en el siglo XIX por el historiador Louis de La Sausayye y especialmente un techo pintado por el mismo decorador de Cheverny, Jean Monier.

Châteaux de Troussay. Foto  Creative Commons 3.0 Manfred Heyde
Châteaux de Troussay. Foto Creative Commons 3.0 Manfred Heyde

Ya que estamos en Troussay, vamos a seguir esta ruta para hacer una parada en Fougéres-sur-Bièvre. Apenas son ocho kilómetros de camino, y el castillo que vamos a descubrir, del siglo XV, da una imagen muy diferente a las habituales, ya que se aproxima más a la idea que tenemos del castillo medieval: planta cuadrada con torreones circulares rematados con tejados de forma cónica. Ha sido un breve alto en el camino, pero ha merecido la pena: en este caso, la sencillez ha salido victoriosa.

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