La belleza desconocida de Tallin


Viajar a Tallin Estonia | Revista Tu Gran Viaje
© Ángel Ingelmo
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En una esquina de Europa te espera agazapada la capital de Estonia, a la que su historia y su belleza le garantizan un sello en tu pasaporte.

La capital de Estonia, como casi todas las ciudades que surgieron en la Edad Media, cuenta con un barrio alto, dentro de las murallas donde estaba el castillo y residía la nobleza, y otro bajo, que era donde vivía el pueblo llano y una sociedad burguesa dedicada al comercio. La historia de ambas partes y de sus habitantes, se podría contar y resumir en este caso a través de una calle, mejor dicho dos, y además con un nombre muy curioso: la calle de la Pierna Larga (Pikk Jalg) y la calle de la Pierna Corta (Pikk Lühike). La calle de la Pikk Jalg corresponde a la parte baja y conduce desde la Torre Gorda Margareta (Paks Margareeta) y la Puerta Costera (Suur Rannavärav) hasta la muralla que cercaba la ciudadela superior. Esta puerta Costera era la utilizada cuando se venía desde el mar y era la que empleaban los comerciantes para entrar con sus mercancías. La torre, a la que va como anillo al dedo su nombre ya que tiene una planta circular y es bastante baja en proporción a su diámetro, acoge hoy el Museo Marítimo de Estonia.




A partir de este punto, se suceden las viviendas de los comerciantes y las de sus gremios. En la mayor parte de las casas, con fachadas muy estrechas y pronunciados tejados a dos aguas, se observará en la parte superior una polea, o lo que queda de su armazón, que era utilizada para subir los fardos a las plantas superiores. Pero antes de empezar el recorrido comercial por la Pikk Jalg, un recuerdo para ese pasado cercano que supuso la ocupación soviética. Al principio de la calle, cerca de la Puerta Costera, una placa recuerda que allí tuvo sus dependencias la KGB y donde hoy se leerá en una placa “Este edificio acogió el órgano de represión del poder soviético ocupacional. Aquí empezó el sufrimiento de miles de estonios”.

Volviendo al pasado comercial hay que resaltar la presencia de las sedes de los dos principales gremios: Casa del Gran Gremio (Suurgildi Hoone), una bonita casona gótica del XV que acogió en sus primeros tiempos la sede del principal gremio comercial de la ciudad y hoy el Museo de Historia; y el Gremio de San Canuto, donde tenían su cofradía los artesanos más humildes y que por ello no tenían derecho a acceder al gran gremio. En ambos casos era su lugar de encuentro y donde pactaban precios y regulaciones.

Un pequeño desvío conduce a la Plaza del Ayuntamiento (Raekoja Plats), con el edificio del ayuntamiento y su alta torre en el centro y un mercado a su alrededor en la zona que queda libre de terrazas.

 

Torre Kiek in de Kok, Tallin, Estonia
Torre Kiek in de Kök.

 

 

Al final de la Pikk Jalg, en medio de una escalinata, se abre un arco en la muralla que se cierra con una gran puerta de madera. Esta maciza puerta fue colocada por los comerciantes de la parte baja con el fin de impedir por la noche el paso de los nobles a su barrio. La razón por la que no les gustaban dichas visitas era que, beneficiándose de su más alta categoría social, aprovechaban para beneficiarse a sus esposas e hijas. Hoy, la puerta se ha convertido en un símbolo de la reconciliación entre sus ciudadanos y cuando se produce un cambio en el gobierno local el traspaso de poderes se hace delante de la puerta. A partir de este punto comienza la Pikk Lühike, que conduce a la plaza donde está la catedral ortodoxa rusa.

La parte alta de la ciudad, Toompea, conserva en algunas partes su aire medieval: de hecho, era muy utilizada durante el periodo soviético por los directores de cine para rodar películas de capa y espada que buscaban un decorado natural en las murallas y las torres. Se conservan varios tramos, jalonados de torres, en bastante buen estado, si bien hay un par de estas torres que llaman la atención más que nada por sus nombres. Se trata de la Kiek in de Kök (“Vistazo a la cocina”) llamada así porque desde ella se podía ver lo que cocían los enemigos en sus cocinas, y de la Neitsitorn (“Torre de la Doncella”), cuyo nombre no deja de ser una ironía ya que se empleaba para encarcelar a las prostitutas.




Las tres grandes referencias monumentales de esta parte antigua son el castillo (Toompea loss), actual sede del Parlamento y con la torre, Pikk Hermann, cargada de recuerdos para los estonios que siempre buscaban un momento para colocar su bandera en lo alto durante el periodo soviético; la catedral ortodoxa Alejandro Nevsky (Tallinna Aleksander Nevski katedraal), de finales del XIX, y la catedral católica de Nuestra Señora (Toomkirik), otro lugar donde las construcciones y destrucciones se han sucedido desde que en el siglo XIII se levantara la primera iglesia de madera. Pero lo que hace todo el mundo en esta parte de arriba es asomarse a sus miradores, por ejemplo el Patkuli o el Kohtuotsa, para contemplar la parte baja: las vistas serán una de las imágenes que el viajero retendrá más tiempo en su memoria.

Una vez contemplada la ciudad desde arriba se volverá a descender, ahora para recorrer sus calles y pasear de nuevo por la Plaza del Ayuntamiento, el Pasaje Katerina (Katariina käik), callejuela empedrada paralela a la muralla, entrar en la iglesia de San Nicolás (Niguliste), una de las más bonitas de la ciudad, reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial (en esta zona fueron a parar las únicas bombas que cayeron sobre Tallin) y en cuyo museo se expone la impresionante “Danza Macabra” pintada por el maestro Bernt Notke en la segunda mitad del XVI. El mejor punto para dar por finalizado nuestro recorrido es la Plaza de la Libertad (Vabaduse Väljak), donde hay una gran cruz de cristal colocada en 2009 y que se podría considerar un símbolo del nuevo Tallin y la nueva Estonia.

Comiendo en Tallin: Restaurantes

Al ser una ciudad que vende su aspecto medieval, lo lógico es que haya unos cuantos locales especializados en el tema -ya se sabe: decoración al uso y personal de servicio ataviado con trajes que evocan el ambiente medieval. Los dos más famosos, y también los más frecuentados, son el Old Hansa (Vana Turg, 1. Tel. 627 90 20) y el Pepersack (Viru, 2. Tel. 646 68 00), prácticamente uno enfrente de otro al lado de la plaza principal.

Junto a los medievales, los rusos comparten preferencias. Entre ellos, el Troika ((Raekoja Plats. Tel. 627 62 45), en una planta sótano y con un ambiente genuinamente folclórico, cantantes de baladas y camareras con trajes regionales, y el Nevskij (Rataskaevu, 7. Tel. 628 65 60), con menos tipismo y algo más de calidad en su cocina.

Y cuando lo que gusta es pasear por una calle, donde una puerta sí y otra también hay un restaurante o bar, la calle Viru, desde la plaza del ayuntamiento hasta la Puerta Viru.

De compras por Tallin

En el Pasaje Katerina (Katariina käik), al final hay unas cuantas tiendas donde venden objetos de cristal y, donde termina, paralela a la muralla se monta un mercadillo donde se venden cosas típicas y cuadros. Por cierto, recuerdos de la época soviética (gorras militares, condecoraciones, grabados) cada vez van quedando menos, esperemos que hasta que comiencen a fabricarlos.

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1 Comment

  1. 22/02/2013

    Angel, felcitaciones. Es una hermosa forma de compartir información turística e historia a la par de conocer cómo las sociedades han desarrollado a lo largo de su historia. Cada rincón de la tierra tiene su propia historia. En Perú, cede de Machu Picchu, una de las Siete Maravillas contemporáneas, existen miles de historias de victorias , derrotas, siguen vigentes los cambios y rivalidades sociales en nuestro país milenerario y multiétnico: costa, sierra y selva amazónica. Si ya conoces Perú, ojalá pudieras compartir uno de tus comentarios o experiencias. http://www.peruviancolcatrails.com