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Nos vamos con Europcar a descubrir rincones ocultos de ese paraíso inacabable que es Cantabria. ¿Nos acompañas?

Es imposible no estar enamorado de Cantabria; y además, no es algo extraño. De un tiempo a esta parte, la región se ha colado en los planes viajeros de millones de personas: y el lema que la promociona Cantabria Infinita se ha convertido, más que en un claim, en un grito de guerra que entonamos muchos a la que tenemos ocasión. Por eso, cualquier ocasión es buena para darse un salto a una tierra donde hay de todo y excelente y de la que disfrutar a tope sin importar, como dice la canción de Johnny Mercer, “llueva o luzca el sol”.

Con este ánimo pusimos hace unas semanas rumbo a Cantabria; y, para que todo el viaje fuera estupendo, no se nos ocurrió nada mejor que hacerlo con Europcar y su servicio To My Door, por el que te traen -y te recogen- un coche premium a la puerta de tu casa. Para que así no tuviéramos que preocuparnos de nada más que de sacarle lustre al mapa y encontrar para ti planes y pistas distintas de una Cantabria que es, y damos fe, infinita. Esta es nuestra guía secreta de Cantabria Infinita:

Una playa: Oriñón

Que las playas cántabras son excepcionales es algo que hace ya tiempo dejó de ser un secreto. Inmensos arenales y estuarios salpicados de verde -que no de edificios: olvídate de las epidemias de cemento y hormigón que asolan otros litorales patrios- en los que manda el Atlántico y en los que siempre, siempre, vas a encontrar el espacio que necesitas. Pero las hay también urbanas, recogidas, agrestes, íntimas… La colección de playas de Cantabria es amplísima: más de doscientos veinte kilómetros que guardan más de noventa playas. Muchas, de merecida fama -El Sable, La Arena, Berria, Ris, El Sardinero, La Salve y Regató en Laredo, Oyambre, Somo…- y otras, no tanto: como la de Oriñón. Un playazo de más de dos kilómetros del oriente de la región, encajonado entre las moles montañosas de Candina y Cerredo, y en la que no hay chiringuito alguno: apenas un par de puestos de socorristas y, tras de la playa, el pequeño barrio de Oriñón (donde hay algún bar y, los domingos, mercadillos). La playa, inmensa y preciosa, en la que desemboca la ría de Oriñón, es la puerta de entrada a otro lugar mágico y poco conocido: el valle de Guriezo.

La playa de Oriñón vista desde el asador Las Encinas. Foto © Tu Gran Viaje.

La playa de Oriñón vista desde el asador Las Encinas. Foto © Tu Gran Viaje.

 

Un pueblo: Santillana del Mar

No nos vamos a arrogar el descubrimiento de que Santillana del Mar es uno de los pueblos más más bonitos de Cantabria y, por ende, de España, pero sí reivindicamos que descubrirlo por primera vez es todo un placer viajero: algo que no te puedes perder, definitivamente. Más allá de esas cuevas de Altamira que ya solo puedes conocer a través de la expo permanente del centro de interpretación, lo que Santillana te pide a gritos es que la pasees. Torres -de Merino, de Don Borja-, casonas -la de la Archiduquesa, la del Águila- y palacios -de Velarde, Berreda-Bracho- que se asoman a sus callejas empedradas -Carrera, Santo Domingo-… No faltan museos en la visita: y, curiosamente, el más llamativo es del El Solar, con una colección amplia de instrumentos de tortura empleados por la Inquisición.

Santillana del Mar, Cantabria. Foto C Tu Gran Viaje

Por cosas como esta es Santillana del Mar uno de los pueblos más bonitos de España. Foto © Tu Gran Viaje.

Dos secretos para comer: El Erillo, en Islares, y Las Encinas, en Sonabia

Dos lugares que no deben faltar en tu agenda que están, no por casualidad, uno enfrente del otro, con muchas cosas en común: emplazamiento espectacular, buena comida y bebida, vistas de infarto y aves como elementos del escenario. A El Erillo (restauranteerillo@hotmail.com, tel. 942 86 20 91), un histórico asador a pie de mar en Islares, un pueblito de Castro Urdiales, se va a muchas cosas. Los fines de semana -y, en verano, todos los días- a comer unas de las mejores rabas de la zona, acompañadas de cerveza bien fría, en su terraza, desde la que se tienen vistas espectaculares de la playa de Arenillas y de La Ballena, un enorme peñasco en forma de cetáceo que se incrusta en el mar; y, también, para dar cuenta de sus pescados y mariscos que son, simplemente, espectaculares. Además, hay aparcamiento amplio y zona infantil, así que, viajes en el plan que viajes, te va a encajar seguro. En el lado opuesto está, colgado del monte, Sonabia, y allí, Las Encinas: otro asador en el que no falta, además, un mercadillo de productos de la zona -conservas, verduras- y artesanías de India. Y no te olvides que contemplar a los buitres que aletean entre los Ojos del Diablo y anidan y viven en lo alto del peñasco de Candina, ante el mirador de Las Encinas, es un espectáculo imponente y muy exclusivo: esta de Sonabia es una de las colonias de buitres leonados más extensas del país.

Atardecer en El Erillo, Islares, Cantabria. Foto C Tu Gran Viaje

Así es un atardecer común el El Erillo, con el sol recortado sobre Sonabia. Foto © Tu Gran Viaje.

Un valle secreto: el de Guriezo

Basta que veamos una señal de tráfico y una carretera estrecha que se pierda en la frondosidad de un valle para no pensar y lanzarse a recorrerla hasta el final. Es lo que nos pasa ante la señal de la S 510 que, en Pontarrón de Guriezo -a medio camino de Islares y Oriñón- marca “Valle de Villaverde 19”. A este valle de Guriezo le da forma el río Agüera, y no faltan en la ruta casonas, fogonazos monumentales que te sorprenden y te obligan a echar pie a tierra -como la iglesia de San Vicente de la Maza, en Rioseco, o la iglesia de San Sebastián-, y un trozo de historia como la Ferrería de Yseca, una factoría del siglo XIII en la que se trabajaba el hierro. El punto final de esta ruta es el Valle de Villaverde, un municipio enclavado en Vizcaya que bordea el parque natural de Armañón.

San Vicente de la Maza, Rioseco, Valle de Guriezo, Cantabria. Foto (c) Tu Gran Viaje

San Vicente de la Maza, del siglo XVI, es uno de los mejores ejemplos del Renacimiento cántabro. Foto © Tu Gran Viaje.

Un plan con peques: el zoo de la Magdalena

Gracias al estupendo parque natural de Cabárceno -ocho kilómetros cuadrados de parque zoológico en lo que fue una mina de hierro y que acoge a centenares de animales en régimen de semi-libertad- los amantes de la naturaleza tienen a Cantabria en su radar pero, también, los padres de familia. Pero hay otro parque zoológico, más íntimo y menos conocido: el del parque de la Magdalena, en Santander. Es un pequeño zoo en la península del mismo nombre -uno de los lugares más bellos de la ciudad, coronada por el palacio de la Magdalena, que fue residencia de verano de Alfonso XIII y que hoy alberga los famosos cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo- y que acoge una pequeña población de patos, pingüinos, focas y leones marinos, que viven en un espacio que recibe el agua del mar. La entrada es gratuita y, en verano, un tren turístico recorre además el parque.

Zoo de la Magdalena, Santander

Los pingüinos del zoo de la Magdalena son, definitivamente, los mejores amigos de los niños.

El mejor modo de llegar: con To My Door de Europcar

Para poner carretera de por medio, pocas opciones mejores y más cómodas que el servicio To My Door de Europcar: y es que, el que te entreguen y recojan el vehículo de alquiler en la puerta de tu casa o de tu oficina -donde quieras, en definitiva-, es todo un pequeño lujo que hace más fácil cualquier plan. El servicio de entrega y recogida en tu puerta de toda su gama de vehículos y furgoneta está disponible en la comunidad de Madrid y en la ciudad de Barcelona: consulta todos los detalles en este enlace y comienza a viajar.

To My Door de Europcar, en la puerta de casa

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