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Los ingleses lo sabían, y fueron quienes inventaron el turismo. Nada para sanar la melancolía invernal como perderse bajo un sol lejano. Y nosotros añadimos que, si además a tu campamento base no le falta de nada, lo normal será que no quieras regresar a la rutina. ¿Lo comprobamos?

A Punta Umbría hay que poner rumbo siempre que se pueda. No es un secreto a voces porque es tan obvio que, cuando estás allí, lamentas no haber estado antes, no haber llegado antes; y yo, cada vez que voy, me entrego a fantasear con dejarlo todo e instalarme cara al océano. Me gusta sentirme mecido por la brisa de un Atlántico amable como en pocos -o ningún- sitio del mundo, acariciado por una arena fina y dulce como el azúcar, mimado por una gente amable pendiente de cada capricho y, también, hipnotizado por una colección de sabores y platos -de tierra y de mar- de lujo.

A Punta Umbría se viene a disfrutar de sus playas, playas de dunas que aparecen en tus fantasías de escapada, el tipo de escenario con el que sueñas cuando estás atrapado por la rutina en la gran ciudad. Punta Umbría nos regala trece kilómetros de arena dorada y limpia: playas que son de las mejores de ese trozo de paraíso en la Tierra que es la costa andaluza. Hay playas para todos los gustos: El Portil, La Bota, La Ría, la Playa Urbana... La playa de la Ría es el lugar idóneo para familias; cuatro kilómetros de playa abierta al pueblo y flanqueada por un paseo marítimo al que se asoman las viviendas de los ingleses que “descubrieron” la zona en el siglo XIX, cuando docenas de ellos se instalaron aquí para trabajar en la recién abierta mina de Ríotinto (descubre esta apasionante historia en la Casa de Los Ingleses, un museo donde se recoge el legado del asentamiento).

El Espigón, Punta Umbría

El Espigón.

Cuando se acaba esta playa comienza la de Los Enebrales. Sabinas, pinos, enebros, dunas… Esta ubicación privilegiada es un capricho de la naturaleza de la que podemos disfrutar de un modo sostenible: senderos y miradores entre las dunas y que son populares entre amantes de la observación de pájaros de todo el mundo, pues es una de las zonas de paso de aves migratorias más importantes de Europa. Es ahora el turno de la playa de la Bota, un arenal preferido por los viajeros más relajados, en busca de tranquilidad, donde no debe extrañarte si, en tu escapada, te topas con una modelo posando para un fotógrafo: ¡es una auténtica playa de portada! Y te he dejado para el final el secreto mejor guardado de Punta Umbría: la playa de El Portil, casi virgen, donde encontrarás algunos bunkers construidos para proteger las costas durante la II Guerra Mundial, y que en la zona de la desembocadura del río Piedras te regala uno de los paisajes más bellos no sólo de Andalucía, sino de España.

Y hay tanto que hacer en Punta Umbría… Si lo tuyo es practicar ciclismo o jogging, podrás hacerlo en un carril de 6 kilómetros de recorrido que pasa por la Avenida del Océano y finaliza en el Parque Natural de los Enebrales. El puerto natural del pueblo está, desde tiempos de los romanos, en la playa de la Ría; y, si quieres darte una vuelta por la cercana ciudad de Huelva, ¿por qué no te olvidas del coche y te vas en el transbordador que sale de la playa de la Bota? Y puedes terminar tu paseo en la Playa Urbana, regalándote en cualquier terraza un atardecer de invierno con una belleza casi inaudita. Y, además, a solo una hora de coche tienes Sevilla, el Parque Nacional de Doñana, el Algarve portugués, la exuberante Sierra de Aracena y Picos de Aroche… ¿No es un plan ideal para un fin de semana de invierno?

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