Tarata, Huayculi: objetivos a diez mil kilómetros de la vergüenza


Templete de la Plaza de Tarata, Bolivia. Foto CC David Hdez Montesinos
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A mediados de 2012, David Hdez. Montesinos puso rumbo a América Latina para gestionar un proyecto socio-cultural por encargo del Gobierno de Ecuador, lo que le permitió redescubrir la nueva realidad de ese país y saltar también a Bolivia. Una experiencia vital apasionante que, tamizada por su gran sensibilidad viajera, se convierte, en posts como este, en lectura obligada.

Tarata es una bella ciudad colonial al sureste de Cochabamba (Bolivia), palacios de adobe con hermosas puertas y balcones, ahora en evidente riesgo de derrumbe. Pasado que fue de un fértil valle. Estela Rivera y yo, comemos chicharrones en los soportales de esta villa, son tajadas de cerdo guisadas con leña a lo extremeño, huele a Extremadura, pero bebemos sincréticamente chicha, un aguardiente destilado del maíz que combinado con helado de canela, sienta maravillosamente. Las señoras de los fogones son cholas, hermosamente vestidas con sus polleras, sus camisas de encajes y sus pamelas. Estela Rivera, desde su Dirección de Culturas de Cochabamba, se desvela por conseguir apoyos internacionales para rescatar esta joya colonial, apenas le queda un compromiso !de la Cooperación Italiana¡, el último de los últimos disponibles.

Huayculi es una aldea a siete kilómetros de Tarata por un camino bien empedrado, con ricos barros, ricas arcillas y muy pobres alfareros, que hacen bellas piezas con sus manos, claro. La cerámica de Huayculi busca su Denominación de origen, busca ser registrada, porque como dice Wimler el alfarero “cuando me muera me llevo conmigo este saber”. Wimler no tiene más de 30 años, pero parecería que acumula la sabiduría del Universo. Su suegra sentada en el suelo da forma delicada a cucharas también de barro. Su mujer, que “se la trajo de La Paz” según cuenta el taxista, no se detiene ni un minuto. Una niña muy chiquita camina por entre los apaños del taller. Su comunicación es en quechua, con nosotros en castellano con un seseo y chasquidos de rápida pronunciación que hace difícil a veces seguirle el hilo. Wimler ahora es tomado en cuenta porque ya no es un hombre soltero. Ya tiene familia y por lo tanto es respetado, considerado incluso, y de alguna manera líder. Ahora participa en las asambleas y le escuchan. Lógico, porque además de ser hombre con familia, tiene mucha sensatez lo que apunta.

Nos cuenta que enseña a algunos muchachos de la comunidad para que no se pierda ese saber. Exportan piezas a muchos lugares, pero no dan abasto cuando la demanda responde a los criterios maximalistas de los importadores europeos o norteamericanos. “El horno es de leña”, se lamenta. Si él, y la otra docena de alfareros de Huayculi, tuvieran hornos eléctricos, su producción podría aumentar, mejorar su posición para exportar el producto, y elevar sus ingresos. Mejorar sus condiciones de vida también. Quizá ahuyentar el polvo de la arcilla de sus enseres, acomodar un poco su casa.

Alfar de Winler (Huayculi, Tarata). Foto (cc) David Hdez Montesinos

Alfar de Winler (Huayculi, Tarata)

Estela Rivera le dice que ya están preparando un puesto estable en el mercado de Tarata, para que allí puedan vender sus piezas, aprovechando que el público propio y ajeno llega hasta esa ciudad colonial con palacios que fueron algún día. Le da una cita a finales de septiembre también para que acuda a la feria de artesanos de Cochabamba, buscarán el transporte de alguna forma. Estela le habla además de Italia, un importador de Milán quizá se interese en sus piezas. ¿Tendrán los hornos eléctricos a tiempo? ¿Se podrá establecer este comercio de un modo justo?

Edwin Urquidi, abogado, músico y hombre de teatro, pero sobre todo amigo, aprendió mucho en España de Denominaciones de Origen, de registros de marca, y por ende de darle reconocimiento a lo intangible. Ahora en Bolivia extiende sus destrezas para extender el universo digital al universo de la arcilla. Buscamos registrar digitalmente el conocimiento de estos artesanos, artistas de la vida. Y con Estela, tramo una acción digital universal de micromecenazgo –crowfunding le dice la lengua dominante-. Pronto lo veremos: “Hornos para Huayculí”.

Nos volvemos con el taxi a Tarata y luego en otro a Cochabamba. Antes Wimler le pide a Estela que le de una mano para apoyar su solicitud de una cancha de fútbol. A Evo Morales le gusta mucho el fútbol, me dicen. Estela le asegura que el siguiente lunes, en la reunión de coordinación que tienen en el Gobierno Departamental cada lunes a las seis de la mañana, se lo dirá a su compañero de deportes. Le garantiza éxito con el pedido.

Yo me traigo mi propio encargo de lanzar este rincón perdido al Planeta, pronto tendremos noticias.

Sobre el autor

David Hdez. Montesinos es gestor cultural y comunicador. Ha sido directivo en empresas multinacionales de la industria cultural, asesora y dirige proyectos socioculturales y de arte en España y Latinoamérica, el más reciente GLORIA TRANSMEDIA. En su blog Sosiego&Parsimonia comparte su experiencia socio-cultural y como asesor, ahora del gobierno de Ecuador.

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