El Kilómetro Cero de Egipto: La plaza El Tahir


Plaza El Tahrir de El Cairo a la primera hora de la mañana. Foto CC Frank Schulenburg
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Jesús Gª Marín cierra en El Tahir, en El Cairo, su viaje a las plazas donde se está escribiendo la actualidad

Al lado del Nilo, en el corazón y bullicio de El Cairo, se encuentra la famosa plaza Midan El Tahrir, plaza de la Liberación, tan en el candelero estos días. En sus alrededores se concentran algunos de los edificios más emblemáticos de la capital: al norte, el Museo Egipcio de Antigüedades; al oeste, el horroroso edificio del hotel Nile Hilton; al sur, el Mogamma o Ministerio del Interior (un auténtico caos de oficinas y gente), en el lado este destaca la famosa Universidad Americana.

La plaza ha sido muchas veces un campo de batalla, no sólo en estos últimos dos años. A principios de 1993 un grupo de integristas musulmanes puso una bomba en la céntrica cafetería “Nadi Wadi El Nil” emplazada precisamente en Midan El Tahrir, el saldo fue de tres muertos. En 1998 otro atentado integrista, esta vez a las puertas del Museo Egipcio, acababa con media docena de fallecidos. Junto a la plaza está la parada de autobuses urbanos más importante de la ciudad; de modo que la zona es un verdadero hormiguero, casi se podría definir como el Km 0 de Egipto. Desde luego, por su amplitud, es el sitio perfecto para decirle a Mubarak o a los Hermanos Musulmanes o a Mohamed Mohamed Mursi Isa al-Ayyat, o a Abdul Fatah al-Sisi, o a cualquier otro que se largue.

La Plaza Tahrir en 1941

La Plaza Tahrir en 1941

Mubarak llegó al poder tras el asesinato de Sadat (1973) por firmar el Tratado de Paz con Israel. Eso no gustó nada a los Hermanos Musulmanes, tan omnipresentes hoy. Un año después del magnicidio el por entonces vicepresidente Mohammad Hosni Mubarak fue nombrado Presidente de la República. Había sido jefe de las fuerzas aéreas y, como se muestra en un panel del Museo de la Policía que está en la Ciudadela, uno de los protagonistas de la Guerra de 1973 contra Israel. Mubarak, amparándose en el peligro integrista, laminó primero a la oposición radical islámica y luego a la democrática. Se convirtió en un autócrata que presidía una democracia que sólo existe sobre el papel: ése fue su gran error y el origen del caos y de la enorme crisis económica que vive Egipto.

Esperemos que con todo lo que está cayendo en la plaza El Tahrir pueda desarrollarse en el país arqueológicamente más rico del mundo una verdadera democracia, que no se produzca una deriva islámica radical y que también los coptos puedan vivir tranquilamente en su patria. Difícil equilibrio, desde luego, pero en Egipto nada hay imposible: como dice el proverbio antiguo, “Todo el mundo teme al tiempo, pero el tiempo teme a las pirámides”.

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