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De Egipto a Panamá y de México a Coruña: Jesús García Marín prosigue con su búsqueda de lo bizarro alrededor del mundo

La diferencia entre el turista y el viajero es que el turista sabe dónde va a dormir y el viajero no, el viajero anda por el mundo a salto de mata. Es decir no tiene claro ni el dónde, ni el cómo ni el cuándo; precisamente por eso el viajero se encuentra con cosas que difícilmente se le cruzan al turista. Veamos algunos ejemplos, esta vez centrados en las marcas y patentes y en sus a veces imaginativas imitaciones.

En el almacén El Machetazo, sito en la peatonal de Ciudad de Panamá, un letrero recriminaba a las empleadas que el largo de las faldas tiene que llegar a las rodillas; el lema del almacén era El hombre compra, el mono imita (1998). Y desde luego que imita: en Egipto (2006), los aficionados al bebercio disponen de las siguientes marcas de licores: Gordoon´s Special Cairo Dry Gin, Marcel Horse; Fineland, vodka of Egypt; Red Label, John Warder; Johnnie Wadie, Red Label; Johnnie Wadie, Black Label; Ricardo (sic), etcétera. Además en el país de los faraones tienen motos nada menos que de la marca Kuzuki, seguro que –como casi todo allí– de “fabricación propia” (en Campeche se venden motos de la marca Kazuki,por lo visto hechas en China, y en el Kurdistán turco hemos visto motos de la marca Kanuni, 2009).

Kastasmonu es una agradable ciudad turca. Allí se encuentra la mezquita de Nasrullar, que data de 1506 y se considera la primera mezquita de la era otomana. Pues en Kastamonu vemos algunas tiendas en las que venden antenas parabólicas de la marca Sunny (en Bursa no se quedan atrás: cosen unos trajes de la firma Corleone). América también ofrece casos jocundos de patentes y marcas. Por ejemplo, en Puerto Barrios se encuentra la consulta, especializada en análisis clínicos, de L. Pasteur, y en Puerto Viejo de Talamanca (no de Sarapiquí) se pueden uno alojar en unas chabolas de madera que llevan el mismo nombre que el Ritz, bien es verdad que la diferencia salta a la vista.

De todas formas, lo contrario a la imitación es la originalidad, que también luce, tal ocurre con la denominación de algunos restaurantes mexicanos: La Cenaduría de Doña Raquel (Puerto Vallarta), Nutricional Vegetariano, La Ranita Cervantina (Guanajuato), Panza del Abuelo (San Miguel de Allende), El Tragadero (Zacatecas)… Y también hay casos en España: el Bar de Bares está en Estaca de Bares, Bare Nostrum (Riveira, península de Barbanza, La Coruña), Pub Is (Santiago), ¡Bar Simson! Por la minera y recia Langreo hubo un pub que se llamaba Party-Kular. En Lima, en el refinado barrio de Miraflores, funcionaba el más ingenioso de los bares: el Johann Sebastian Bar, supongo que el etílico amigo Bryce Echenique lo habrá frecuentado…

[message_box title=”Sobre el autor” color=”blue”]Jesús Gª Marín fue, allá por 1984, alumno de doctorado del Premio Nobel Camilo José Cela, con quien cursó Dictadología Tópica. Ha escrito infinidad de artículos de investigación histórica, algunos de ellos publicados por el CSIC o por la Universidad Complutense. Ha coordinado cuatro misceláneas de cultura humanística y es autor de un centenar de guías turístico-prácticas de todo el mundo, desde Finlandia hasta la Patagonia. Como periodista, ha publicado numerosos artículos culturales o de opinión en los periódicos baleares de mayor tirada. Actualmente es columnista del diario mallorquín “Última Hora” y colaborador habitual de Tu Gran Viaje.[/message_box]

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