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En la ribera izquierda del Sena nos espera la librería más famosa y peculiar de París: Shakespeare & Company, la obra de George Whitman, el ‘Quijote del Barrio Latino’.

El viajero vagabundea por la ribera izquierda del Sena y, ya a la altura del Barrio Latino, frente a la vertical majestuosidad pétrea de Notre Dame, se topa (avisado o no) con la librería más célebre de París, la Ítaca de los libros, Shakespeare & Company (Rue de la Bûcherie, 37). Fue fundada en 1951 por George Whitman, un estadounidense que acabada la Segunda Guerra Mundial se instaló en París, la ciudad que había fascinado en los años 20 a sus compatriotas de más talento literario: John Dos Passos, Ezra Pound, William Faulkner, Ernest Hemingway, John Steinbeck, Francis Scott Fitzgerald…

El viajero, quizá hastiado de los nuevos templos laicos del comercio, mundos de cristal y acero donde se despachan brillantes baratijas de cromo, se adentra en un laberinto de papel, una analógica y polvorienta acumulación de libros apilados en mesas, rincones y estanterías al borde del colapso que conforman el establecimiento donde Whitman, fascinado por la bohemia y la literatura, dictó las normas de un reino libresco y hospitalario.

En Shakespeare & Company todo escritor o aspirante a serlo, o cualquiera, literato o no, encontró una cama en la que dormir a cambio de unas horas de trabajo (más de 50.000 personas han pernoctado allí entre miles de volúmenes, fotografías dedicadas y recuerdos), una taza de té con la que confortarse y un amigo con el que conversar.

El autor del artículo, enfrascado en amena lectura en la librería

El autor del artículo en la librería, enfrascado en amena lectura.

Al subir a la primera planta por una angosta escalera, el viajero lee unos versos de Yeats escritos sobre la pared (“No seas inhospitalario con los extraños / podrían ser ángeles difrazados”, traducimos libremente) que cifran el espíritu de la librería, nacida como Le Mistral (en homenaje a la primera chica de la que Whitman se enamoró) y que hoy, apenas 365 días después de la muerte de su creador a los 98 años, continúa regentada por su hija y manteniendo las actividades (presentaciones, conciertos, conferencias…) que, al margen del sagrado comercio cultural, le confieren su personalidad única.

El cambio a su nombre actual ocurrió a mediados de los sesenta, como un homenaje que nuestro hombre brindó a Sylvia Beach, con la que mantuvo varios encuentros. Beach, también americana, había fundado en los años veinte del siglo pasado la primera librería Shakespeare & Co. en la capital francesa, y disfrutaba ya por entonces de un lugar de honor en la historia de la literatura universal por haber sido la valiente primera editora del Ulises de James Joyce, allá por 1922. Pero esa, como diría Rudyard Kipling, es otra historia…




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