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Una crónica viajera en primera persona y entre Ibiza y Salta de Jesús Gª Marín

Hace un par de años, me perdí por el centro y norte de la Argentina y estuve un par de días en Salta, ya cerca de la frontera con Bolivia. Salta tiene el casco urbano colonial más acompasado y agradable de aquella república hermana. El centro histórico de aquella capital norteña se caracteriza por las viejas construcciones de aspecto señorial, con pórticos recargados, enrejados balcones de madera y patios interiores con aljibes que van apareciendo de forma intermitente, junto con edificios más modernos en medio de una tupida vegetación.

Pues bien, platicando con los salteños, y tomando cerveza Quilmes en la peña Boliche Balderrana me enteré que había en la ciudad una especie de casino balear, y en el mismo me dijeron que durante muchos años fue toda una institución en Salta un ibicenco panadero llamado Juan Riera, que con veinte años se fue de Ibiza a Argentina (1914), estuvo vendiendo pequeños pastelillos o tentempiés en las calles, trabajó como carpintero en la construcción de la línea de ferrocarril, pero le echaron por anarquista. Finalmente recaló en Salta y puso una panadería.

El Boliche Balderrama surgió, en la primera mitad del siglo XX, como un almacén de ramos generales y luego se convirtió en una picantería en la que poetas, bohemios y gente de alta sociedad se juntaban con changarines y peones a pasar la noche componiendo poesías y guitarreando. La peña en cuestión es conocida en Sudamérica porque es la base de una muy popular zamba, género musical típico de Argentina, que compusieran Manuel J. Castilla y el Cuchi Leguizamón, renovadores del folclore argentino, y que fue muy cantada por Mercedes Sosa.

Don Juan Riera rodeado de su familia, en la Panaderia Riera de Salta. Foto de Jesús Gª Marín

Don Juan Riera rodeado de su familia, en la Panaderia Riera de Salta. Foto de Jesús Gª Marín

La zamba del panadero de los pobres

La panadería que fundó Juan Riera ya no estaba en su ubicación (palabra que usan mucho los argentinos) original, Pellegrini 515, pero sí en una calle un poco en el extrarradio de Salta. Finalmente encontré la “Panadería Riera”, tomé unas fotos y hablé con los descendientes de don Juan, panadero anarquista que por las noches dejaba su negocio abierto para que los pobres pudiera entrar y llevarse algo de pan. En la década de los cincuenta y sesenta el establecimiento era frecuentado por intelectuales, por sindicalistas y por libertarios y uno de los que pasó por allí, en su famoso viaje a Méjico en moto (1952) que hace poco ha sido llevado al cine, fue el Che Guevara.

Castilla fue muy amigo de Juan Riera y también le compuso una zamba: “romance a don Juan Riera / que en la Navidad nevada / de la harina, en pan realiza / su bondad enamorada”, o “panadero, panadero, / puro en la sal y en el agua, / por la sazón de tus panes / se nos queman las palabras”. “Como le iban a robar / ni queriendo a don Juan Riera / si a los pobres les dejaba / de noche la puerta abierta”. En Salta todo el mundo recuerda a don Juan, que murió hace ya años, como un hombre bueno, de principios sólidos y que tendió la mano a los más humildes.


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