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Con una altura en su punto máximo de más de 200 metros, el Gateway Arch es un auténtico prodigio de la arquitectura, obra del finés Eero Saarinen.

Solo un adjetivo puede definir al Gateway Arch: impresionante. Es el distintivo por excelencia de la ciudad de Saint Louis, visible desde casi cualquier punto de su casco urbano. Con una altura en su punto máximo de más de 200 metros, el Gateway Arch es un auténtico prodigio de la arquitectura que diseñó el finés Eero Saarinen, que ganó un concurso convocado por las autoridades de St. Louis en la década de los sesenta para celebrar el papel de la ciudad como puerta del Oeste.

La construcción, comenzada en 1963 y finalizada sólo un par de años más tarde, costó 13 millones de dólares de los de entonces. El arco tiene la misma altura que distancia entre sus dos puntos de apoyo en el suelo, y como no podía ser menos está preparado para que los visitantes se dejen su buen par de horas: hay tienda donde venden además de los recuerdos de rigor bastante aresanía de los indios, un observatorio casi arriba del todo desde el que se puede ver, en los días claros, lo menos 40 kilómetros a la redonda -o así no lo explicaron a nosotros-, un teatro IMAX y un pequeño museo donde exponen objetos relaiconados con las culturas indias y la colonización del oeste, el Museum of Westward Expansion.

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